Nuestra Historia
LA VIRGEN DEL HENAR: TRADICIÓN, HISTORIA Y DEVOCIÓNSantuario del Henar
Historia & Devoción
INTRODUCCIÓN
El Santuario del Henar se encuentra en la provincia de Segovia, a 5 kilómetros de Cuéllar lindando con la provincia de Valladolid. Se accede a él por un ramal de carretera secundaria. Está rodeado, al norte, por pinos y más pinos, tomillo, espliego…; y hacia el mediodía por una pradera, amplia y frondosa.
UNA VENERABLE TRADICIÓN
El doctor Baza de Haro, en las postrimerías del siglo XVII, habla de dos tradiciones:
• La imagen habría sido esculpida en Antioquía en el siglo I, y trasladada a El Henar por el primer obispo de Segovia, san Jeroteo. Se veneró durante 600 años en el poblado de Santa María del Henar y se ocultó con motivo de la invasión musulmana en el 711.
• La segunda tradición nos habla de que la Virgen apareció en 1580. Un labrador intentó llevársela en su carro; cuando los bueyes se resistieron a caminar, comprendió que la Virgen quería ser venerada en este lugar. De este suceso se corrió la voz por la comarca.
LA HISTORIA
El primer documento que conocemos sobre el poblado medieval de Santa María del Henar data de 1247; en dicho documento aparece pagando diezmos al obispo de Segovia. Inmediatamente se pierde la pista de este poblado, que debió desaparecer en alguna depresión económica. Eso sí, quedó en pie una capilla, que fue deteriorándose con el tiempo. De hecho, en 1430 existía una ermita “ruinosa” bajo esta advocación.
LA IMAGEN ROMÁNICA
Se trata de una talla del siglo XII, de madera de pino, sentada sobre un sencillísimo trono sin respaldo. Su semblante, grave y sereno, muestra un hieratismo mayestático muy digno. La talla exenta del Niño presenta la factura más cuidada, con una iconografía propia del Pantocrátor bizantino: en una mano sostiene el libro cerrado de la nueva Ley y con la otra bendice (los tres dedos en postura frontal). Llama la atención el parecido con la Madre. Ambos, Madre e Hijo, forman un conjunto armonioso y esbelto.
En torno a 1430 cesó el culto en la ermita, dado que el hospital de la Magdalena de Cuéllar adquirió sus libros litúrgicos. No se conoce noticia alguna sobre esta ermita hasta siglo y medio después.
COMIENZO DE LA DEVOCIÓN. SIGLO XVII
En 1587 se da cuenta de un pleito entre el obispado de Segovia y el cura de la vecina parroquia de Viloria, que defendía sus derechos sobre la ermita. Al año siguiente el obispo de Segovia, Andrés Pacheco, se hizo cargo de la ermita, nombrando un capellán, ermitaño y mayordomo. En 1611 otro obispo, Pedro Castro, devolvió la ermita a la parroquia. En 1616 aparece como ermita y santuario, se hicieron obras y los sábados se celebraba misa cantada. En la romería había afluencia de fieles y había cobrado cierta importancia.
En el primer tercio del siglo XVII despegó la devoción a la Virgen del Henar. Prueba de ello fueron los bienes materiales que poseía la ermita y que eran apreciables. En los años 1642-1644 se hicieron las obras de la nueva iglesia, que sustituyó a la antigua ermita. Es la primera parte del actual templo hasta el crucero. Mide 24,30 x 7,20 metros. A finales de siglo se construyó la hospedería, demolida en el siglo XVIII.
A la intercesión de la Virgen del Henar se atribuían numerosos milagros y en grandes calamidades públicas, como sequías, se trasladaba la imagen a Cuéllar.
Hubo dos hombres que incrementaron la devoción a la Virgen en esta época. Don Rodrigo, cura párroco de Cogeces del Monte, nombrado administrador a mediados de siglo; y don Gregorio Baza de Haro, cura de Otero, a quien se debe la primera historia de la Virgen del Henar (1695).
Baza habla de la Romería solemne de septiembre en estos términos: “En cuanto al concurso de ese día, no es fácil referir cómo ello es. Juntase comúnmente diez y seis mil personas y más, que caminando al centro de Nuestra Señora del Henar, casi todos llegan allí el sábado a la tarde; hallándose personas de diferentes Reinos y Provincias y de lo más remoto de nuestra España”. Continúa diciendo cómo pasan la noche los peregrinos. Describe la procesión que se celebra después de la Misa en la que enfermos y tullidos tratan de tocar las andas con esperanza de ser curados. Cuando la procesión llega a la Fuente del Cirio, afirma que se producen milagros. “Toda aquella campaña de innumerable gentío”, concluye, “hincados de rodillas unos cerca, otros entre los pinos copiosos, hiriendo sus pechos y adorando su grandeza. Y aquel tremolar de estandartes al entrar en el templo, abatidos todos a tierra, haciendo acatamiento a su Majestad”.
EDAD DE ORO DEL SANTUARIO: EL SIGLO XVIII
En el siglo XVIII se produce un período de gran esplendor, coincidente con la prosperidad que se vivió en la comarca de Cuéllar, gracias a las nuevas tierras roturadas y a las buenas cosechas.
En 1734 fueron hasta 186 pueblos los que desfilaron por el Santuario. Procedían de las provincias del centro de España y Madrid, incluso de Logroño. Los historiados nos hablan de que 30.000 personas acudieron a la romería de 1713 y el número de misas encargadas fue de 7.500 a mediados de siglo.
La devoción era eminentemente popular. Sin embargo, consta también que la nobleza y hasta la realeza se hicieron presentes en el templo, para venerar la santa Imagen. Isabel de Farnesio, segunda esposa de Felipe V, visitó el Santuario en la primavera de 1759.
Don Frutos Tomero, párroco de Frumales y administrador del Santuario, publicó en 1744 una piadosa novena de esquema tradicional en honor de la Virgen del Henar, precedida de una reseña histórica. Los sacerdotes y monjes basilios del convento de Cuéllar cuidaron de canalizar los ingresos en bien del Santuario, de tal forma que cambió radicalmente la fábrica del mismo. Sus esfuerzos hicieron que la modesta iglesia duplicara su capacidad al añadirse la parte más noble: crucero, sacristía y sala de exvotos, ampliación realmente notable.
Todas estas obras fueron dirigidas por José Borgas. La bóveda del templo y camarín fueron decoradas con pinturas de José Micot. Se construyó también la capilla de campo y en el exterior el templete de la Fuente del Cirio.
El interior del templo hay numerosas obras artísticas:
• Los altares laterales de la nave central están dedicados a los santos Cosme y Damián y a la Virgen del Carmen; este último, estuvo dedicado a san Francisco Javier. Fueron obra de Damián Amusco y Tomás de Goñi.
• El retablo mayor, neoclásico, es obra de Manuel García Cobos, de Peñafiel, quien lo ejecutó en 1784. De José Durán son los del crucero, en los que se venera a san José, quizá de Pedro de Ávila, y a san Antonio, atribuido a Mena.
• En la sacristía existe una cajonería de nogal de gran mérito, ejecutada en 1765 por los Moratinos, maestros tallistas de Sepúlveda.
• El camarín, con bóveda ovalada, es la dependencia mejor conservada del Santuario. De las paredes penden siete cobres con escenas de la Pasión, de Abraham Willemsen; otros dos cobres con escenas de la vida de san Antonio, de autor anónimo (uno de ellos en el mismo camarín y otro en la sacristía).
• El altar es del último barroco.
En la Sala de Exvotos (actual museo) hay, entre otras piezas, un manto de la Virgen, de Carlos III.
La antigua hospedería, precaria, fue sustituida por los claustros, alto y bajo; un conjunto muy apreciable de doble arco de piedra sillería. Estas obras fueros dirigidas por el maestro Manuel Cachorro de Cuéllar. A este maestro cuellarano se deben también los arcos de la portería, de la misma época y de la misma factura que los del claustro.
DECADENCIA EN EL SIGLO XIX Y PRIMERAS DECADAS DEL XX
En el santuario del Henar, como en el resto de santuarios de las zonas rurales, se produjo una decadencia, causada en parte por encontrarse en medio del campo y pasando Cuéllar por gran necesidad.
La guerra de la Independencia tuvo consecuencias nefastas para el Santuario: refugio, saqueos, etc. En 1808 se trasladó la imagen de la Virgen a Cuéllar, donde permaneció hasta 1814. La Virgen recorría distintas iglesias de Cuéllar; incluso la romería se celebraba en la Villa. Afortunadamente la imagen se conservó, pero los franceses robaron en 1811 la plata que pertenecía a la Virgen y se custodiaba en la iglesia de San Pedro: dosel, viril, vinajeras, copón, tres grandes lámparas, etc.
Con el retorno de la imagen al Santuario se hicieron algunas obras y se obtuvo una concesión de terreno por parte del Ayuntamiento. Fernando VII concedió 200 pasos alrededor del Santuario.
A la larga estancia de la Virgen en Cuéllar durante la guerra de la Independencia siguió otra entre 1833 y1839, consecuencia de las luchas entre carlistas y liberales.
La devoción iba decayendo. Buscando cómo resolver esta precaria situación, el capellán hubo de renunciar a sus derechos como administrador y contentarse con los de párroco de Viloria.
A Cuéllar se debe la construcción de la carretera que arranca de la Villa y que concluyó en 1905. En 1909 se creó en Cuéllar una comisión de piadosas señoras, que obtuvieron del obispo de Segovia 250 pesetas y otro tanto del Ayuntamiento para reparar el templo.
Los últimos capellanes residían en el vecino pueblo de Viloria y no en la ermita. Prácticamente no había culto en la misma fuera de algunos días señalados.
LOS CARMELITAS SE HACEN CARGO DEL SANTUARIO: AÑO 1924
Se barajó la posibilidad de encomendar el Santuario a alguna comunidad de religiosos y se hicieron algunas gestiones con resultados negativos.
Sin embargo, a la beata Martina Vázquez Gordo (cuellarana, hija de la caridad, superiora de una comunidad en Segorbe –Castellón-, mártir de la fe en 1936 y muy devota de la Virgen del Henar, en cuyo camarín descansan sus restos) le dolía en el alma este abandono y se puso en contacto con los carmelitas, persuadiéndoles de que se hicieran cargo del Santuario.
En principio, la idea les pareció bien, pero el proyecto exigía prudencia y era preciso estudiarlo detenidamente. En septiembre del 1923 partieron desde Segorbe los padres Simón Besalduch y Joaquín Usó. Salió adelante el proyecto: el 12 de noviembre de 1923 el padre Provincial envió al obispado de Segovia las bases para un contrato, que fueron aceptadas el 21 de diciembre del mismo año. A primeros de junio del año 1924 llegaron los primeros carmelitas, el padre Simón García y el hermano José Almela. Inmediatamente comenzaron las obras de adaptación del edificio. El 13 de septiembre, víspera de la Romería del Henar, tomaron posesión del Santuario y se inauguró solemnemente la vida comunitaria con 18 religiosos: 6 sacerdotes, 9 estudiantes de teología y 3 hermanos. Para los carmelitas la vida en el convento-Santuario fue durísima, particularmente por el frío intenso de los crudos inviernos de Castilla, y viviendo en instalaciones, que dejaban mucho que desear.
LA VIDA EN EL SANTUARIO
Con la llegada de los carmelitas cambió radicalmente el panorama del Santuario en lo referente al culto, atención a los devotos en el confesionario, etc. Los tiempos revueltos de la II República apenas repercutieron. La devoción a la Virgen fue incrementándose. Comenzó en 1933 a publicarse un modesto Boletín mensual bajo el título Madre del Amor Hermoso; a partir de 1939 cambió de título por el de La Virgen de El Henar; se difundió ampliamente por toda la zona.
Durante la contienda civil (1936-1939) el Santuario quedó en la llamada zona nacional y lejos de los frentes de batalla. Fue lugar obligado de peregrinación para pedir protección del Cielo y, finalizada la guerra, para dar gracias a la Virgen.
En 1948 el Santuario se convirtió en Casa madre de una nueva provincia carmelita, la de Castilla. Ello contribuyó eficazmente a que tuviera cada vez más resonancia y la advocación de la Virgen del Henar fuera más conocida en muchos lugares.
Fue importante la publicación de la Historia de la Virgen de El Henar y su Santuario, del padre Manuel Ibáñez en 1955. Actualizó en buena parte la del doctor Baza de Haro del siglo XVII.
Se restauró la imagen de la Virgen en 1968-1969, así como el Camarín y la Sala de Exvotos en 1970-1971. Entre los factores externos que han contribuido a incrementar la afluencia de fieles, hemos de mencionar el asfaltado de la carretera en 1963 (tramo de Cuéllar hasta pasado el Santuario).
X. CORONACIÓN CANÓNICA DE LA IMAGEN
Una ceremonia solemnísima y deslumbrante se celebró en la pradera del Santuario el 25 de junio de 1972 con motivo de la Coronación canónica de la Virgen. Se calcula en 50.000 personas las que asistieron al acto. Fue coronada por el arzobispo de Valladolid, don Félix Romero Menjíbar, acompañado de varios obispos de las diócesis limítrofes y de más de 100 sacerdotes concelebrantes.
Precedió a esta ceremonia una peregrinación con la santa Imagen por los 40 pueblos que forman la comunidad de Villa y Tierra de Cuéllar. Fue una sacudida de fe con escenas realmente emotivas, al pasear a la Virgen por las calles y detenerse ante las casas de los enfermos o ante los cementerios. Los templos parroquiales permanecían abiertos día y noche. La Imagen se trasladaba de un pueblo a otro en las galeras de tractores ricamente engalanados; jóvenes y no tan jóvenes la acompañaban ataviados con vestidos regionales. Esta peregrinación terminó en Cuéllar con una misa en la plaza de toros, a la que asistieron unas 7.000 personas. Regresó la Virgen al Santuario el 16 de febrero de 1972, después de 41 días de ausencia. Los medios de comunicación se hicieron amplio eco de estos acontecimientos, cuyo recuerdo permanece imborrable en la memoria colectiva.
RESTAURACIÓN DEL SANTUARIO
Durante los años 1979 a 1981 se realizó una restauración a fondo del monumento, para que pudieran cumplir debidamente con las funciones de un centro mariano de religiosidad popular de su nivel. Trazó el proyecto el prestigioso arquitecto dominico Francisco Coello de Portugal.
Se libró al monumento de todos los aditamentos que lo desfiguraban y se construyó un pórtico nuevo. El claustro se cubrió con una cristalera para evitar el frío, y se ganó un espacio espléndido para exposiciones y conciertos. La iglesia se enriqueció con un suelo de mármol y se pintó de nuevo. En vistas a despejar la aglomeración de la Romería, se urbanizaron los alrededores.
Esta restauración repercutió positivamente en la organización de la Romería, que discurrió por buenos cauces al desplazar las oficinas de atención al público en nuevos locales.
En la actualidad están superados casi todos los obstáculos; y los miles de peregrinos pueden acceder al camarín de la Virgen sin problemas y recibir las atenciones que demandan.
DEVOCIÓN Y CULTO
En cuanto al aspecto devocional, los actos principales son los siguientes: precede a la fiesta una novena muy devota y fervorosa que, en cierto modo, se celebra en dos sesiones. Una en el silencio quedo de la primera hora de la mañana y otra por la tarde, que continúa celebrándose de manera solemne y tradicional.
La víspera de la gran Romería, por la noche, se celebra la muy concurrida procesión de las antorchas. Durante más de una hora se canta, se reza el rosario, se reflexiona con profundo silencio. Cierra el acto la Salve cantada por la multitud enardecida.
El día de la Romería, además de algunas misas rezadas, se celebra a las 12 la Misa solemne en la que participa una multitud imposible de cuantificar. En ella son numerosos los sacerdotes y ministros de la comunión.
Terminada la Misa sigue la procesión, en la que numerosas personas, cumpliendo quizá promesas, danzan y danzan al son de la dulzaina y el tamboril. Se prolonga durante unas 3 horas. Al final impresiona el canto de la Salve popular frente a la fachada principal del templo.
La extensa pradera y los pinares circundantes sirven de lugar de descanso para reunirse en grupos y disfrutar de una comida al aire libre.
Por la tarde continúa un horario apretado de misas en el templo, donde siempre hay devotos que rezan o se acercan al confesonario. La fila para acceder al camarín de la Virgen es larga y constante.
El domingo siguiente a la fiesta principal se celebra El Henarillo, día muy concurrido de celebración familiar en la pradera. Se puede decir que prácticamente todos los domingos del buen tiempo son pequeñas romerías en El Henar.